Así llamó un hombre de fuego a su creación…
Amo la palabra escrita, pero definitivamente la aprecio más cuando proviene de una mente brillante, de un corazón ardiente y de un alma evolucionada. De esa fuente provienen letras con el poder de transmitir lo que representan.
Este artículo no es mío, es de los hombres y para los hombres, esto es solo un prólogo para compartir las inspiradoras letras de un ser consciente que ha canalizado su despertar espiritual a través de la escritura. Se cruzó en mi camino con toda su luz y presencia, para reafirmar por qué hago lo que hago, para recordarme que si existen hombres que están trabajando en ellos, tanto como nosotras las mujeres, para inspirarme a seguir compartiendo la medicina del cacao y su poder de despertar el chackra corazón, y con ese despertar encender su fuego interior.
🌬️ El suspiro del Todo
Una brisa fresca entró sin anunciarse, suave y envolvente, como si el aire mismo recordara su propósito de ser puente entre mundos.
La llama de la vela tembló un instante, y en un gesto de rendición perfecta, se apagó.
No fue un final, sino una expansión.
El fuego dejó de ser fuego para volverse aroma, calor, memoria.El humo del palo santo danzaba lento, hasta que una caricia invisible lo desvió, dejando caer una fina ceniza sobre la cera derretida.
Tierra y fuego se tocaron; el aire los unió, y el agua contenida en la cera completó el círculo.
Por un instante, los cuatro elementos recordaron que son uno.Entonces la música terminó.
La frecuencia 528 —la vibración del amor y de la reparación del alma— se disolvió en silencio.
Y en ese silencio lo comprendí todo.La conciencia suprema nunca dejará de dividirse, porque ese es su propósito más puro: dividirse para sentir más,
para extenderse en cada forma, en cada experiencia, en cada soplo.
Así como la llama se transforma en humo, y el humo en aire,
la conciencia se transforma en nosotros para seguir descubriéndose a sí misma.Cada chispa que se desprende del Todo es un nuevo órgano sensorial del infinito.
Y mientras más se divide, más se ama,
porque cada fragmento lleva consigo el deseo sagrado de volver al centro que lo originó.Entonces miré el reloj: 11:22.
Y supe que la revelación se había sellado.
El 11 me habló del cielo que se abre;
el 22, de la tierra que lo recibe.
El espíritu y la materia se dieron la mano dentro de mí.Ya no era una idea que necesitaba comprender,
era una vibración que me habitaba.
El universo respiraba conmigo.
Y sentí, sin palabras, que todo lo que soy —la brisa, la llama, la ceniza y el silencio—
era el Todo susurrándome en voz baja:“Ya está. La luz se encendió dentro.”
-Ivan Fricentese
El potencial que tiene un hombre despierto no solo de escribir, sino de sanar, crear, prosperar, dirigir, liderar, sostener, disfrutar y hasta de sentir es infinito.
Y así, en el tranquilo pulso del momento, se delimita el espacio entre lo finito y lo infinito. Ser “un hombre” no es sólo portar gestos y funciones, sino abrazar la capacidad de contener los destellos del todo en cada respiro. En ese “suspiro del todo” habita la vulnerabilidad que revela la fuerza del ser, la humildad que libera la grandeza del alma.
Entre el todo y la nada existe un punto suspendido, invisible a los ojos, pero evidente para el alma: el instante en que el ser humano se reconoce como parte del pulso universal. No hay separación posible entre lo que respira y lo que es respirado. El aire que entra y sale nos recuerda que pertenecemos, que somos movimiento y pausa a la vez.
Ser “un hombre” —o una mujer, o un ser humano consciente— no es una construcción de deberes ni de formas externas, sino una entrega. Una entrega a lo real, a lo que no necesita nombrarse. En el suspiro habita el reconocimiento de lo sagrado en lo simple: en la mirada que no huye, en el silencio que no evade, en el gesto cotidiano que contiene toda la historia de la vida.
A veces creemos que el todo está fuera, en lo grandioso, en la conquista, en el ruido. Pero el todo se revela en la quietud, en la vulnerabilidad que no teme mostrarse. En ese momento, el hombre se despoja de títulos, de roles, de expectativas, y vuelve a ser simplemente presencia: carne, aliento y consciencia. Allí, en esa desnudez del ser, comienza la verdadera fortaleza.
El suspiro, tan breve, tan humilde, se convierte en el eco de lo eterno. Es la comunión entre lo que somos y lo que trasciende; una conversación silenciosa con el universo. Respirar, entonces, es orar. Sentir es comprender. Estar vivo es recordar que formamos parte de una sinfonía más amplia, que nos respira y nos sostiene incluso cuando olvidamos su música.
El Verdadero «Poder»
Pero ese suspiro, esa conexión con el todo, se ha ido apagando. El ruido del mundo y las estructuras del poder lo han cubierto con capas de deber, de rigidez, de distancia. El patriarcado no solo ha herido a las mujeres; también ha exiliado al hombre de su ternura, de su capacidad de sentir y rendirse a la vida. Le enseñó a contener lo que debía expandir, a dominar lo que debía abrazar.
Recuperar el suspiro es, entonces, un acto de desobediencia sagrada: volver a escuchar la voz interior que el sistema mandó callar.
Defender desde el miedo lo acumulado y declarar como enemigo al otro, es el corazón mismo, la semilla del «Patriarcado»
-María Antonieta Solórzano
Esta narrativa básica, se transforma en estructuras sociales que dicen: » Este es el más capaz de defender el acumulado de este clan, tribu, grupo»
¿Quién será el más capaz de defender el acumulado de un grupo? Pues el MÁS FUERTE, el que tenga menos hígados, al que ser «villano» no le cueste. El que haya logrado no sentir, no llorar, no gemir, que no tenga remordimientos, que no tenga miedo. Sentir miedo es, en el código elegido para ser hombre en el mundo patriarcal COBARDÍA. Y ese rol le tocó asumir al hombre por biología, simplemente por eso. Las mujeres siguen teniendo crías y producen oxitocina durante la maternidad y en el proceso del maternaje. La ternura nunca se va como experiencia vital en las mujeres y hay un tema de cuidado irrenunciable.
¿A quién le toca en esa Comunidad asustada de que le quiten su acumulado renunciar a la ternura, renunciar a los actos de sentir, de cuidar y convertirse en guerrero…?
Entonces el hombre ha tenido que renunciar a ser y sentir, a ser compañero, para poder ser el defensor del acumulado.
Las estructuras sociales logran convertir estos roles que tienen que ver con la creencia de que el mundo es ESCASO en definiciones de MASCULINO y FEMENINO. Por tanto hombres y mujeres terminamos viviendo para el paradigma de esas definiciones y alejados de nuestra esencia, de nuestro ser, de nuestra alma.
Y como el constructo social nos ha determinado a apropiarnos de nuestros roles y a que desaparezca nuestro «yo», nuestra esencia, hombres y mujeres estamos llamados a reconocer el poder del AMOR y la COMPASIÓN, para darnos cuenta de que la escasez es un constructo milenario que hemos asumido como verdad y nos ha separado. Hemos estado sometidos a esta creencia de la escasez material y emocional: “El amor se acaba”, “Tu mama se va a morir”, “El amor no es un cuento de hadas”, “No puedes confiar en nadie”… que daño nos han hecho estas distorsiones de la realidad, ¿Verdad? Hombres y mujeres ahora estamos enfrentados en una lucha de poderes.
¿Entonces vale la pena vivir persiguiendo el poder sobre el otro, en lugar de comenzar a vivir en el poder con el otro?
Honrar al Masculino
En esa consciencia expandida, el encuentro contigo mismo y con el otro cobra otro ritmo. Las paredes que separan roles y expectativas se disuelven y aparece lo humano en su forma más auténtica: atento, presente, libre de máscaras. Un hombre que ha escuchado su silencio, que ha caminado con lo incierto y ha respirado profundo, logra reconocer que la totalidad no se encuentra fuera, sino en la integración de cada fragmento: luz y sombra, alegría y pena, hacer y estar. Y al reconocerse en el suspiro del todo, nos invita a volver a la sencillez, al latido original de la vida, donde el “ser” tiene más fuerza que el “hacer”.
Al cumplirse un año de la Ceremonia «Honrando al Masculino», donde 3 magas: Sol Romero , Lore Candia y Yo nos juntamos para poner nuestros dones al servicio de un grupo maravilloso de 15 hombres, puedo decir que la tormenta que ese día nos bendijo desde el cielo, nos sanó, nos purificó y nos comprometió a seguir transformando la narrativa dolorosa entre hombres y mujeres.
Nosotras solo fuimos un canal para que el alma del Rey, Amante, Guerrero y Mago se manifestara en su máximo esplendor. Aún conservo las notas escritas de agradecimiento que nos dejaron, ¡cuánto amor y abundancia recibimos ese día!
Hoy no puedo estar más que feliz de reunirme nuevamente con Sol, pero esta vez en su tierra natal Argentina, para seguir trabajando juntas y creando el mundo armonioso de energía masculina y femenina en el que anhelamos vivir.
¡En hora buena por los hombres conscientes, que cada vez son más!


